Ficha técnica y artística:
Título original: “Höstsonaten” (Sonata de otoño)
Producción: Kantika Faragó, 1978.
Dirección: Ingmar Bergman
Guión: Ingmar Bergman
Fotografía: Sven Nykvist
Música: Haendel (Sonata Fa M, opus I), Chopin (Preludio nº2, La m), Bach (Suite nº4, Mi b M , BWV 1010)
Montaje: Sylvia Ingmarsdotter
Duración: 92 minutos
Intérpretes: Ingrid Bergman (Charlotte), Liv Ullmann (Eva), Lena Nyman (Helena), Halvar Björk (Víctor)
Argumento:
Tras siete años sin verse, Eva invita a su madre a que pase una temporada junto a ella y su marido Víctor. El anhelado reencuentro de Eva con Charlotte, una concertista de piano que ha dedicado toda su vida a su carrera, pronto desencadenará una tormenta de reproches e incomprensiones que pondrá de manifiesto el resentimiento, guardado en silencio durante tanto tiempo, hacia una madre egocéntrica que antes ha preferido dedicarse a su vida como artista que a su familia.
Ambientación:
En esta fase de su producción cinematográfica, Bergman deja atrás sus planteamientos sobre Dios, la muerte o la moral, para adentrarse en el problema de la comunicación humana, y para ello, como en tantas otras de sus películas, los personajes femeninos ocuparán un primer plano. De un lado, Liv Ullmann, musa y una de las amantes del cineasta; del otro, Ingrid Bergman, que tras su andadura por América e Italia, de la mano de Rossellini, retorna al cine sueco.
En Sonata de otoño observamos rasgos del denominado kammerspielfilm (cine de cámara), refiriéndonos al hecho de que la acción se reparte entre pocos personajes (básicamente dos) y que se desarrolla en un espacio reducido(el interior de la casa), rasgo éste cada vez más acentuado en los films del director durante la década de los 70 y 80. Si bien es cierto que un cine de estas características no va a exigir costosos medios para su producción, también lo es que el reparto ha de ser de una gran calidad. Ingrid Bergman resulta ideal para representar un papel en el que los abundantes primeros planos hacen necesario un control absoluto de la expresividad facial, capacidad que asimismo Liv Ullmann dejó sobradamente demostrada en Persona (1966). No es menos importante señalar que el peso de la acción de la película recae no sobre la imagen, sino sobre la palabra. De hecho, son tan poderosos los monólogos y diálogos, que nos evocan un formato casi teatral.
Un componente fundamental para la comprensión del film es el de la música, a pesar de la poca presencia en cuanto a duración. Lo es no sólo por el título de la obra, que sugiere un paradigma musical en cuanto a la estructura formal, sino sobre todo porque, en el momento en que Charlotte da su interpretación poética del Preludio de Chopin, nos está planteando la situación que efectivamente se da en la hija respecto de la madre. No en vano podemos indicar que la tensión se desata a partir de ese instante. La interpretación musical de este Preludio corrió a cargo de Kabi Laretei, otra de sus mujeres. El dato no tendría relevancia de no ser porque a partir de este período junto a ella, Bergman se siente más inclinado a utilizar en sus películas la música de los antiguos compositores clásicos, que a que le compongan bandas sonoras para las mismas.
Sabido es que en la filmografía de Bergman se pueden rastrear muchos aspectos de su autobiografía, de tal modo que no resultaría arriesgado sostener que subliminalmente proyecta sobre Charlotte su mala conciencia como padre.
Valoración:
Si Höstsonaten supone para Ingrid Bergman su regreso al cine sueco y también su penúltima película, para el cineasta significa una vuelta a su estilo clásico hasta el punto de que desde la crítica francesa se apuntaría, no sin ironía, que “Bergman con Sonata de otoño había hecho una película de Bergman”. Quizás ayude a que esto se comprenda el que su anterior producción, El Huevo de la Serpiente (1977), había sido recibida con algo de frialdad y que sus últimas obras no habían sido acogidas con demasiado entusiasmo por la crítica. En cualquier caso, no sucedió lo mismo en esta ocasión, dado que la película recibió numerosos premios por toda Europa e Ingrid Bergman fue nominada para el Oscar a la mejor actriz. Este éxito no condujo, sin embargo, a que las fuertes personalidades de Ingrid e Ingmar terminaran de encajar, por lo que no se pensó en una nueva colaboración.
Como conclusión podría señalarse que el impresionante duelo interpretativo entre las dos actrices y la sólida estructura de la obra hacen que ésta sea una de las obras de referencia dentro de la filmografía de nuestro autor.
JOSÉ MANUEL HINOJOSA-DE GUZMÁN